lunes, 16 de enero de 2017

En este Blog pretendo mostrar algunos monumentos, calles, establecimientos tradicionales y leyendas de la ciudad en la que he nacido y vivo. Las fotos las he tomado en los muchos paseos que doy cuando el tiempo me lo permite y el clima invita a ello.

En Madrid hay unas 20.000 calles. "Al principio no tenían nombre, más allá de la calle que va de tal sitio a tal otro", explica el historiador, "a partir del siglo XII la gente las va bautizando; y no es hasta el XIX cuando el Ayuntamiento se mete a poner orden". Fue también entonces cuando "los políticos empezaron a ponerle calles a las gentes ilustres, que lo eran para unos y no tanto para otros". Hoy el proceso burocrático es ineludible y pasa por la aprobación en un pleno.


Algunas truculencias tienen más de verdad (por ejemplo, bajo una Cruz Verde en la plaza que ahora lleva ese nombre celebraba la Inquisición sus autos de fe y ejecuciones); y otras tienen más de invento: en la calle del Lazo se supone que vivía una amante de Alfonso X, quien mandó asesinar a otro novio de la chica al que se reconoció por llevar prendido un lazo que el rey había regalado a la dama

La mayoría de estas historias nos han llegado más o menos intactas gracias a "Las calles de Madrid", de Pedro de Répide, un cronista del XIX, que a razón de nueve artículos semanales publicó el origen de 1.044 calles, plazas y paseos en los periódicos de su tiempo, algunas de las cuales se recogen en este paseo.

Pedro de Répide Gallegos, nació en Madrid el 8 de febrero de 1882. Estudió Derecho y Filosofía y Letras. Completó sus estudios en la universidad de La Sorbona, de París, donde sirvió como secretario particular y bibliotecario de Isabel II durante su exilio en la capital francesa. Durante su estancia en París recibió en 1900 el primer premio del diario El Liberal por su libro La enamorada indiscreta. En 1919 fundo La Libertad, donde trabajó hasta 1936. En este último año se pasó al Informaciones, hasta que estalló la guerra civil. En los periódicos que estuvo pasó por casi todas las secciones haciendo de crítico teatral, literario, cultural y parlamentario, lo que le permitió conocer ampliamente las distintas maneras de vivir de los madrileños, sus costumbres, modos de hablar, etc. Répide adquirió fama sobre todo como gran conocedor del casticismo y de los tipos populares del Rastro, Lavapiés y Chamberí. Por ello, en 1923, recibió el título de Cronista de la Villa. 

Entre las obras de Répide destacan: Del Rastro a Maravillas, El Solar de la bolera, La desazón de las angustias, Los cohetes de la verbena, Del mar Negro al Caribe, La casa de todos, El Madrid de las Siete Estrellas, El Madrid de los abuelos, Costumbres y devociones madrileñas, así como una biografía de Isabel II. En 1937 publicó en Caracas Memorias de un aparecido. Durante la guerra civil Répide huyó a Tánger y de ahí a Venezuela, y no regresó hasta 1947. Cierto día en Alicante, cayó gravemente enfermo y sintiendo la llamada de Madrid, la ciudad que tanto amó, vino a despedirse de ella y murió el 16 de febrero de 1948. Desde su muerte su nombre ha caído prácticamente en el olvido. Sin embargo se le recuerda por una sola obra: Las calles de Madrid y que él no llegó a ver en formato de libro pues se publicó veintitrés años después de su muerte.


En mi recorrido por el Madrid histórico, he tomado como excusa para hablar de sus calles las placas de cerámica de Talavera que las identifican y contienen una imagen alegórica de la misma. Por el gran volumen de calles, me he limitado a la zona donde los nombres de las calles que las ilustran y adornan están indicados en estos azulejos, es decir, en las calles y plazas del Madrid histórico.

Estas placas cerámicas son, en su inmensa mayoría, obra de Alfredo Ruiz de Luna González (Talavera de la Reina -Toledo- 12 de julio de 1948 — ídem, 8 de mayo de 2013). Alfredo fue un ceramista nieto de Juan Ruiz de Luna, e hijo de Antonio Ruiz de Luna, tercera generación de una de las más importantes sagas familiares de ceramistas españoles.

Alfredo, nieto de Juan Ruiz de Luna, fundador en 1908 de una fábrica de cerámica artística en Talavera de la Reina, fue a nacer en el alfar familiar de Nuestra Señora del Prado. Se inició en el oficio con sus tíos Juan y Rafael, hermanos de su padre, Antonio Ruiz de Luna Arroyo. Con el cierre de la fábrica en los años 60, se trasladó a Madrid, donde cursó estudios de arquitectura técnica que terminó en 1971. Ya en la década de 1980, montó su propio taller artesano.

En 1991 inició sus trabajos para el Ayuntamiento de Madrid, rotulando en cerámica las principales calles madrileñas, un conjunto de más de 400 calles de todo su Casco Histórico, cada una compuesta, generalmente, con nueve azulejos de estilo antiguo. Asimismo, decoró con grandes murales de azulejo la Plaza de Toros de las Ventas, representando a empresarios, ganaderos y maestros del toreo.

En colaboración con una empresa privada, decoró numerosos establecimientos hosteleros de la capital. En el año 2000 fue nombrado “Artesano Madrileño Tradicional” por la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad, y el Museo de la Ciudad de Madrid adquirió varias de sus obras para su exposición permanente.

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